Hacía 2 meses el había visto en una publicación acerca del concierto y desde entonces anhelaba ir; pero anhelaba no ir sólo; sino con ella, con quien siempre soñaba, con quien siempre deseaba hacer juntos cualquier actividad. No es su novia, pero sin duda es mucho más que su amiga; es pues, el motivo de sus sueños, de sus suspiros, de sus momentos de éxtasis de felicidad.

Faltaba poco para el gran día, y aún no sabría si ella podría ir; pero tenía que tomar una decisión: comprar las dos entradas; ojalá pudiera ir con ella; pero si no fuera así; tendría que buscar con quien ir. Le contó que ya las tenía y su respuesta fue que no podría ir; pero él, terco como todo joven insistió y logró que ella lo pensara aunque fuera un poco, que ella se animara a pedirle permiso a la mamá (o a su suegra, como fantasea algunas veces).

A tan sólo dos días para el día G (como lo había llamado por Grandioso); recibió su ansiada respuesta: sí *-*. La felicidad se apoderó de él por todo el día; ahora sólo quedaba esperar a que el tiempo pasara rápido y tendría una oportunidad más de estar a solas con ella por varias horas.

Sábado, 4 am: las ansias le juegan una mala pasada y se despierta desde esa hora; y no logra dormir más; está demasiado ansioso como para seguir durmiendo. Las horas de ese día transcurrían demasiado lento; las manecillas del reloj parecían tener pereza de avanzar y él deseaba que el tiempo apurara su paso.

Al fin, era la hora de irse a encontrar con su amor; el momento de empezar lo que sin duda sería una tarde-noche maravillosa; quedaron de verse en la parada; pero él no quería esperar nada y fue a recogerla a su casa. Cuando ella estuvo lista, salieron juntos, llegaron a la terminal donde esperarían el bus que los llevaría al otro lado del país; dicho bus, no tardó en llegar, y ya pronto iban de camino. A él le parecía tener a la par a la muchacha más guapa que hubiera visto; y es que, para él lo era. Llevaba varios meses profundamente enamorado de ella; pero pocas veces han podido salir sólos. Él sabía que a ella no le era del todo indiferente; entonces se dispuso a disfrutar el viaje.

Todo transcurrió con normalidad, en medio de una amena conversación. Cuando llegaron a la capital, empezaron a caminar hacia el centro, ni el haberse extraviado temporalmente opacaba la felicidad en sus rostros; atravesaban juntos calles y calles llenas de gente; pero en ese momento se sentían invencibles, si se tenían el uno al otro, nada iba a poder separarlos, nada iba a poder opacar esa felicidad que los embriagaba.

Fueron a tomar café, pero el lugar estaba tan lleno que decidieron pedirlo para llevar y fueron a sentarse al parque; un parque por el que él había pasado tantas veces y que siempre había visto horrible; pero ese día estaba lleno de vida, de color, de luz; el pasto se veía verde y estaba hermosamente adornado por las flores más hermosas que habían visto; y la cereza en el pastel era el hecho de que estaba en ese parque junto a ella. Disfrutaron del café uno a la par del otro; cuando se lo habían tomado; él tomó la basura y se dispuso a tirarla al basurero más cercano.

  • Tenés sucio ahí - Dónde? Un beso silenció esa pregunta; con ese beso con sabor a café (qué más se le puede pedir a la vida?), se unieron durante un momento que parecía la más hermosa eternidad; con ese beso limpiaba los restos de café que habían quedado en su cara.

Un rato después fueron a visitar la catedral, allí, cada uno se postró ante su Dios; y lo que no imaginaban es que cada uno estaba orando por el otro y por lo que fuera que hubiera entre ellos. Unos minutos después, siguieron su camino; y al cabo de poco tiempo estaban en el lugar del evento; quizás no era la zona más segura de la capital, pero él sentía que estaba en el paraíso por el simple hecho de estar con ella.

El concierto estaba a punto de empezar y ellos habían hecho un trato: un beso por canción. Disfrutar de su compañía era la mejor forma posible de estar en el concierto en el que desde hacía semanas soñaba estar con ella. La actividad fue preciosa; pero más precioso aún vivrlo con ella, los dulces besos que ambos se dieron en cada canción, las tantas formas en que se demostraban aquello que seguía naciendo en medio de ellos. Aún no sabían que era, pero estaban seguros de que sería algo bendito por el Creador.

Tuvieron que salirse antes por miedo a no llegar a tiempo al último bus; sin embargo, han vivido hasta ahora la mejor tarde y noche de sus vidas. Ahora sólo faltaba el camino de vuelta a sus hogares; eran altas horas de la noche; ambos estaban cansado y extasiados de lo hermoso que habían vivido juntos; ahora sólo quedaba descansar en el bus durante lo que dure el viaje.

Es de noche, la carretera está despejada, todo parece transcurrir de forma tranquila; el bus se desplaza a velocidad alta, pero eso no atemoriza a nadie; en todo caso, no hay nada visible que pudiera hacerles daño. O eso parece.

Ya ambos están profundamente dormidos; ella a la orilla, él a la ventana; la felicidad dibuja una enorme sonrisa en el rostro de cada uno; ambos sueñan con lo que acaban de vivir y probablemente imaginan los muchos momentos que les esperan juntos; él se imagina pidiendo la entrada en la casa de ella como todo un caballero; ella se imagina disfrutando siempre de su compañía tal y como lo ha hecho en ese hermoso día.

De pronto, un giro brusco y varios gritos unidos en una sóla voz; ellos se despiertan asustados; no tienen idea de qué ha pasado; sólo ven el pánico en el rostro de las personas a su alrededor; las caras de horror no disminuyen; algunos se hacen la señal de la cruz como encomendándose para lo que creen que será su muerte; otros gritan maldiciones, algunos otros tienen el rostro sereno como si ya esperaran la tragedia o como si estuvieran confiados que nada pasaría; ella vuelve sus ojos hacia él; él intenta tranquilizarla diciéndole que no permitirá que nada le pase. Cuando se dan cuenta, el chofer ha perdido el control del autobús y van todos camino a un barranco hondo; el bus empieza a dar vueltas; hay gritos de terror, lágrimas y muchos otros sentimientos mezclados en ese momento. Ellos sólo acatan a fundirse en un abrazo; es quizás el abrazo más sincero que la vida ha visto; el abrazo de dos personas que no quieren separase el uno del otro, pero sobre todo el abrazo de él que está dispuesto a lo que sea con tal de que a ella nada le pase.

En su intento por protegerla, se da varios golpes muy duros, golpes tal vez fatales; su cabeza empieza a sangrar, ella empieza a gritar horrorizada pidiendo auxilio; pero no parece haber nadie cerca con capacidad de auxiliarla. Las alarmas se encienden en la carretera pues un conductor ha presenciado todo y ha pedido ayuda urgentemente.

  • Estás bien amor?
  • Creo, pero me preocupás mucho vos. No quiero que nada te pase.
  • Dije que nada te pasaría y que estaría dispuesto a lo que sea por cuidarte. Me alegra que estés bien. Cumplí mi misión. Su voz se entrecortó al decir esto, como si las lágrimas se le atravesaran y no le dejaran hablar.

  • Vas a vivir verdad? No sé que haría sin ti. Te amo, soy una tonta por nunca habértelo dicho. Sabía que me querías pero siempre había intentado resistirme a corresponderte.
  • No sé amor. Pero si muero moriré feliz. También te amo, estás bien; nos hemos besado. Qué mas puedo pedir? He sido inmensamente feliz en un día. Sería la mejor forma de irse de este mundo.
  • NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
  • Shhh amor, no grites. Ven, dame un beso, te amo. No te asustés.

Se volvieron a unir en un beso, un beso tan hermoso como aquel primero en el parque de la capital, uno tan dulce como los muchos que se habían dado durante el concierto; pero también uno especial, uno diferente; uno cargado de todo el amor que cada uno tenía para el otro; uno que los uniría eternamente; uno que sería el último; uno que le transmitiría a ella por completo su alma, que haría que en su rostro quede la sonrisa más grande que se haya visto en una persona que se acaba de entregar a los brazos de la vida que deja, pero que sabe que quedará vivo en los más hermosos recuerdos de ella y eso sin dudas es capaz de hacer a cualquiera feliz.